
Durante mucho tiempo pensé que tenía una intuición increíble.
Sentía que podía percibir cosas antes que los demás. Detectaba cambios en el tono de voz, silencios incómodos, miradas, detalles, acciones… hasta palabras. Pensaba que tenía desarrollado un sexto sentido; juraba que podia predecir el futuro.
Con el tiempo descubrí algo que hoy me hace entender muchísimas cosas.
Muchas veces no era mi intuición la que hablaba.
Era un sistema nervioso que llevaba años creyendo que vivíamos en Jurassic Park. Si, así de loco como lo leen.
Todo.
El.
Tiempo.
Y honestamente creo que eso fue lo que un día me llevó a tocar fondo y decir: Ya no más.
Cuando uno vive así, empieza a creer que estar preparado para el peligro es lo mismo que vivir en paz.
Pero no funciona así.
Confundí la tranquilidad con…
“No estoy viendo lo suficiente.”
Entonces empezaba el diálogo loquísimo de mi mente:
“Se te está escapando algo.”
“Si no lo analizas eres ingenua.”
“Relájate… pero no demasiado.”
🤣🤣🤣
Imagínense tantito… ¡La paz me parecía sospechosa!
Había que estar alerta.
Preparada.
Lista para la siguiente catástrofe.
(Jajajaja como la de mi retiro de silencio cuando mi pierna se quedó dormida y mi mente decidió que la amputación era inminente. 😂 Si no han leído ese capítulo, por favor háganlo porque hoy me sigo muriendo de risa y explica perfecto cómo funciona una mente entrenada para sobrevivir.)
Lo más bonito vino después.
Ahora que me estoy habitando de verdad… estoy aprendiendo a regresar a mí… un día me caché riéndome de mis propios pensamientos.
Llegó uno de esos pensamientos que antes me hubiera secuestrado por completo.
Y por primera vez le contesté diferente.
Le dije:
Respira.
Y mi mente, indignadísima, me respondió:
¿Cómo que respirar? ¿Solo eso? 😒😂
Y le dije:
Sí. Respira.
No estamos en peligro.
Todo está bien.
Gracias por intentar protegerme de un peligro que hoy no existe.
Y tranquila… esta mujer lleva el volante.
😮💨❤️🔥
Y ahí entendí algo hermoso.
No me estaba volviendo menos inteligente.
No estaba perdiendo mi intuición.
No estaba dejando de ver detalles.
Simplemente… me estaba volviendo más libre.
Sigo viendo cada detalle. Sigo sintiendo los cambios. Sigo siendo esa mujer que observa muchísimo y que siente todavía más. La gran diferencia hoy es que estoy aprendiendo algo muy bonito: no todo lo que percibo necesita una explicación, no todo necesita una reacción y definitivamente no todo anuncia una catástrofe.
Esto es muy revelador y me da una paz que no conocía, porque durante mucho tiempo pensé que bajar la guardia significaba volverme ingenua. Como si dejar de estar alerta fuera dejar de cuidarme y de cuidar lo que más amo.
Hoy empiezo a entender y a experimentar que era exactamente al revés.
Creo que parte de mi historia de protegerme contra el peligro tenía que ver también con adelantarme a lo que podría pasar. Así estaría preparada y, cuando llegara el madrazo, tal vez no sería tan duro atravesar esa ola de sentimientos de tristeza, miedo y soledad.
Pero hoy ya no quiero vivir así.
No quiero seguir viviendo con la necesidad de estar preparada para que algo malo pase. Quiero confiar en que, si algún día pasa, voy a poder cuidarme.
Y creo que ahí está esa hermosa diferencia.
Mi sexto sentido no desapareció. Solo dejó de trabajar para el miedo.
Y qué bonito descubrir que ahora también está aprendiendo a reconocer la PAZ.
Con cariño Sof