La que mudo mi silencio

En el retiro no solo mudé pensamientos.
Mudé piel.

Aunque no me di cuenta… hasta que ella apareció.

Desde la primera meditación hubo algo extraño. Mientras intentaba concentrarme en la respiración y sobrevivir al entumecimiento dramático de mi pierna, apareció un pensamiento muy claro:

“¿Y si viene una serpiente?”

La pude visualizar entrando lentamente al lugar donde estábamos meditando, pasando por encima de mis piernas. Yo sabía que era solo una historia en mi mente… pero fue muy vívida.

No fue miedo.
Fue presencia.

El pensamiento volvió a aparecer una segunda vez. Y recuerdo que, en silencio, le hablé:

Si vas a manifestarte, hazlo bonito.
Sin asustar.
Aquí hay humanos nerviosos.

Y lo solté.

Al segundo día, ahí estaba.

Enrollada en una de las vigas del comedor, donde nos reuníamos a comer en silencio, donde integrábamos pensamientos y dolores. Era color cafecito, no muy grande. Perfectamente tranquila, sin ganas de asustar a ningún humano.

Parecía que ella también estaba en el retiro.

Era un retiro de silencio.
Nadie podía hablar.
Pero pocas veces he sentido un silencio tan lleno de cosas no dichas.

Las miradas iban y venían.
Los cuerpos tensos.
El respeto.
El asombro.

Y entonces algunos compañeros comenzaron a mirarme… y a señalar mi tatuaje.

La serpiente.

Fue imposible no sentir que había una conexión.

No sé qué tipo era.
No sé si los demás sintieron lo mismo que yo.
Pero sí sé lo que sentí cuando nuestras miradas se cruzaron varias veces durante el día:

Acompañamiento.

En lo profundo de mi ser sentí que estaba ahí.
Por mí.
Y para mí.

No llegó con caos.
No atacó.
No huyó.

Solo estuvo, en silencio, acompañándonos.

Entonces algo dentro de mí entendió.

La serpiente como maestra

Las serpientes no mudan por estética.
Mudan porque crecer duele en la piel vieja.

Primero se aprietan.
Se rozan contra la tierra.
Se incomodan.
Y solo entonces… sueltan.

En esos días yo estaba exactamente ahí.

Dolor físico.
Ego inflamado.
Historias mentales.
Silencio que raspa.

Algo en mí estaba apretado.
Algo pedía desprenderse.

Y entonces ella apareció.

Como un recordatorio viviente de lo que estaba ocurriendo por dentro.

La muda no es elegante mientras sucede.
Es vulnerable.
Es torpe.
Es incómoda.

Pero es necesaria.

Después de verla, algo cambió.

No fue espectacular.
No fue una iluminación con luces doradas.

Fue más sutil.

Fue una certeza tranquila.

La certeza de que el silencio no es vacío.
Es fértil.

Que cuando te callas lo suficiente, empiezas a escuchar símbolos.
Presencias.
Mensajes que no pasan por la mente… pasan por el cuerpo.

No sé si ella estaba ahí “por mí”.
Pero sí sé que yo estaba lista para verla.

Y a veces eso es lo único que importa.

Tal vez no mudé completamente.
Pero sí me aflojé.
Sí me suavicé.
Sí dejé caer una capa.

Yo pedí una señal.
Y llegó enrollada en una viga.

El retiro terminó.
Y, en silencio, algo en mí sigue mudando.

Con amor,
Sof

RE-LA-JA-DA (crónicas de un retiro de silencio)

“La bendita Impermanencia”

Ya ando de nuevo por acá, inspirada en escribir y, sobre todo, en compartir con ustedes uno de los retiros más bonitos y de muchísimo aprendizaje que he experimentado en esta vida.

Me fui a Oaxaca a un retiro de silencio de 5 días y, honestamente, tenía la creencia de que regresaría “iluminada”, toda elevada… pero pues ¿qué creen? jajajaja. La realidad fue otra: regresé con dolor de rodillas, dolor de espalda, arena en el pelo y en todo el cuerpo, y con mucha información bonita que le está dando una paz a mi mente y corazón que no sé si sea posible describir aquí con palabras… pero lo intentaré.

Creo que este tipo de retiros son muy bonitos (cuando uno se siente en la búsqueda de vivir experiencias que te reten a conocerte más), porque son pura práctica de cosas que posiblemente ya sabes o has leído, pero si no se practican, no se entienden. Hasta que no lo experimentas es cuando realmente comprendes. O bueno, en mi caso así es mi manera de aprender y entender la vida.

Primero quiero platicarles un poquito de lo que aprendí y darles una explicación teórica para que entiendan mejor el relato. La base principal de este retiro (además de no hablar NADA por 4 días) fue aprender Vipassana.

Yo sé, suena muy místico o muy yogui, budista o “¿qué cosas locas anda aprendiendo la Sof?”. Pero no. En realidad es algo muy básico y brutal al mismo tiempo: sentarte… y observar.

Observar la respiración.
Observar el dolor.
Observar la mente haciendo novelas catastróficas.

Con esta pequeña intro quiero empezar a contarles algunos acontecimientos que, sin saberlo en ese momento, fueron de lo más revelador y hermoso que viví. Espero que lo gocen, se rían y que logre captar su atención en lo que aprendí después de mucha, mucha práctica.

Primera enseñanza: LA PRIMERA MEDITACIÓN

Aquí empezó el retiro. A partir de ese momento estaría en silencio por 4 días completos. Claro que mi mente aún tenía mil dudas, incertidumbre y un poco de miedo de no saber qué iba a pasar en esos días.

Eduardo, nuestro guía de meditación, nos explicó brevemente que íbamos a meditar una hora, que buscáramos una posición “cómoda” y que era momento de cerrar los ojos y concentrarnos en la respiración.

Ahí voy yo, muy en mi papel de: “me la va a pelar esta meditación”.

Honestamente no sé si pasó 1 minuto, 10 o 15… cuando una de mis piernas empezó a entumirse. Pero no poquito. Horrible.

Y ahí empezó el caos mental (del cual no me di cuenta en ese momento, ya verán por qué).

Estaba tan preocupada porque se me estaba entumiendo la pierna que comencé a tener pensamientos muy locos. Me dije varias veces:

“Sof, si te montas en tu macho de ‘yo vine aquí a meditar como Buddha y no me voy a mover en 60 minutos para NADA’, lo más seguro es que esa pierna se te va a morir”.

Sí. Así como lo leen. Me la creí.

Pensé que había una alta probabilidad de que se me cortara la circulación y que, cuando abriera los ojos al final de la hora, mi pierna estaría morada y me la tendrían que amputar.

“ALERTA AMPUTACIÓN INMINENTE”.

Literal mi mente estaba con ese letrero gigante.

No sé cuánto tiempo duré en esa guerra mental, pero mientras más me cuestionaba si movía la pierna y la “salvaba” o si me aferraba a no moverme, más se entumía. Más y más.

¿Y qué creen que pasó?

Me creí la historia.

Cuando en realidad… solo estaba híper mega dormida la pierna. Punto.

Y lo más fuerte es que no me di cuenta de esta primera gran enseñanza hasta ahora que decidí escribirlo. Justo aquí, redactando, han ido llegando las revelaciones de lo increíble que fueron esos días.

La gran enseñanza fue esta:

Mucho del sufrimiento no es lo que pasa…
es la historia que contamos sobre lo que pasa.

Y si reflexionamos un poquito, así vivimos gran parte de nuestra vida: creyendo las historias locas de nuestra cabeza sin cuestionarlas. Solo porque están en nuestra mente, asumimos que son verdad.

Ahí es cuando dejamos de vivir el presente.
Vivimos en una historia que no es real.

Yo estaba tan enfocada en lo que podría pasarle a mi pierna en el futuro, que dejé de estar presente en ese momento. Incluso olvidé lo que realmente estaba practicando: escuchar y sentir mi respiración.

El dolor como maestro

Los días siguieron pasando y yo seguí muy metida en hacer de mi práctica algo bonito, en lograr esa paz mental.

En el tercer día, observando las posturas de los demás, por fin encontré la posición en la que “aguantaba” más el dolor corporal y donde cada vez era un poco más “cómodo” estar re-la-ja-da sin moverme.

Honestamente, en todas las meditaciones me dolió TODO.

Las rodillas gritaban auxilio.
La espalda estaba en huelga por estar tan derechita.
El cuello poseído de dolor.
Los empeines… la cereza del pastel.

Y con todo ese dolor entendí algo muy profundo.

Fue como si mi cuerpo me dijera:

“¿Ahora sí me vas a escuchar? PUES TOMA TODAS LAS SENSACIONES JUNTAS.”

En Vipassana el dolor no es el enemigo.
Es el maestro.

Porque viene a enseñarte:

– Impermanencia (sube, baja, cambia).
– Reacción automática (huir).
– Historias mentales dramáticas.

Lo máximo que logré meditar sin moverme fueron 45 minutos. Fue el tercer día, en la primera meditación de la mañana.

Recuerdo que desperté con mucha emoción de ir a meditar. Creo que mi cuerpo y mi mente estaban listos para vivir esa experiencia sin colapsar mentalmente.

Desde que inició fue algo así como:

“Ok, dolor. Estás ahí… te veo… no te peleo.”

Y ahí pasó algo mágico:

El dolor dejó de ser sufrimiento y se volvió solo una sensación.

Iba y venía.
Subía y bajaba.
Sin historia catastrófica.

Me enseñó a estar en total presencia, sintiendo todo lo que pasaba afuera y adentro… sin sufrimiento.

Segunda enseñanza: LA REVOLCADA DE LA OLA DEL MAR

Luego el universo decidió reforzar la lección y mientras estaba muy feliz disfrutando mi tiempo libre en el mar, llega tremenda OLA y tremenda revolcada que me dio.

Mientras daba vueltas abajo del agua pensé:
“ok… esto también va a pasar”.

Y me relajé.

La bendita impermanencia.

Salí toda digna, modo guerrera zen…
hasta que en la regadera cayó medio kilo de arena de mi cabeza.

Ahí me dio un ataque de risa.

Porque tal vez la iluminación no es volverte perfecta.

Tal vez es esto:

reírte de tu drama,
observar tu mente sin creértela toda,
aceptar las olas cuando llegan,
y seguir lavándote el pelo con shampoo dos veces.

Tal vez iluminarse no es elevarse del suelo,
sino aprender a estar en él.
Con dolor en las rodillas,
con arena en el cabello,
con pensamientos locos que anuncian “amputación inminente”.

Y aun así… estar en paz.

Hoy, si tuviera que resumir el retiro en una palabra, sería:

re-la-ja-da.

No porque la vida ya no duela.
No porque ya no haya olas.
No porque mi mente haya dejado de inventar historias.

Sino porque ahora sé observarlas.

Sin prisa.
Sin pausa.
Solo presente.

Y mientras aprendía a observar el dolor y las olas…
algo antiguo, silencioso y escamoso también decidió aparecer.

Pero esa visita merece contarse aparte.

Gracias por leerme, espero gocen de esta historia tanto como yo goce vivirla.

Con cariño re-la-ja-do

SOF

Crecimiento a nivel espiritual

“Ligera, consciente, enamorada”

A lo largo de mi vida he descubierto que la parte espiritual que habita en mi siempre ha encontrado un gran refugio en la naturaleza. El crecimiento espiritual, o a lo que mejor llamaré la re-conexión espiritual no sucede de un día para otro. Es un viaje silencioso, un poco invisible, pero profundamente TRANSFORMADOR. Comienza cuando surge una inquietud: una sensación profunda de que en esta vida hay algo más, algo más profundo que lo cotidiano, algo mas verdadero que las apariencias, mas duradero que todo el ruido del mundo.

Mi camino no ha sido de manera lineal. Creo profundamente que cualquier camino de transformación esta acompañado de subir y bajar constantemente en una montaña rusa de mil emociones y cuestionamientos. Este viaje para mi ha estado lleno de preguntas sin respuestas inmediatas, de muchas pausas necesarias, de caídas que me han enseñado más que los logros conquistados. He tenido que soltar muchas creencias heredadas, patrones que ya no me servían y relaciones que ya no estábamos vibrando en la misma frecuencia. Aprendí a mirar hacia adentro con mucha honestidad; aprendí a habitar mi sombra con mucho, mucho amor; a escuchar la voz dulce y suave de mi intuición… aprendí a confiar en algo mucho mas grande que yo, incluso aun sin poder verlo solo lo siento.

A lo largo de mi recorrido he descubierto que crecer espiritualmente no significa “elevarse” o “alejarse” de lo humano, sino de todo lo contrario: significa enraizarse, habitar el PRESENTE, conectar con la vida desde el ALMA. He aprendido a agradecer, no solo todo lo bello, si no también todo lo difícil; a ver lo divino en lo cotidiano, lo sagrado en lo simple.

El crecimiento espiritual no me ha hecho perfecta (ni es lo que busca mi ser) me ha hecho mas consciente. No soy inmune al dolor humano, lo que si es que soy mas abierta a ver todo con amor y conectar desde y para el amor. Y se que el camino continuara, que esto no terminara ya, es más creo fielmente que el seguir en este viaje de crecimiento espiritual será partiré de toda mi vida humana; por lo que celebro cada paso andado, cada despertar, cada momento en que me elijo con compasión y elijo vivir desde la verdad del corazón.

Gracias por leerme y acompañarme con estas palabras que con mucho amor escribo. Deseo de todo corazón que cada quien encuentre su propio ritmo, su propio cielo, su propia danza amorosa con la vida. Que este viaje espiritual no termine y que solo les llene su corazón de gran amor por ustedes y la vida tan linda que tienen delante de ustedes. A vivir en presencia amando y gozando todo lo lindo que tiene este mundo para ofrecernos.

Con mucho cariño;

SOF la cometa enamorada de la vida misma

¿Quién es UNA COMETA ENAMORADA?

Este blog inicia por mi deseo de compartir las experiencias que he vivido respecto al amor, amor hacia mi misma principalmente, hacia mis seres queridos, hacia la vida, hacia todos los seres vivimos y la naturaleza…

Todo comenzó en mi deseo de compartir con ustedes lo que el AMOR significa para mí y como con el paso de los años he logrado entender de una manera simple y sencilla que lo único qué es REAL en esta vida es el AMOR…

Quién soy?

  • Mi nombre completo es Ana Sofía Ramírez Contreras
  • Nací en la ciudad de Guadalajara un 6 de mayo, tengo apenas 35 años y siento que me falta muchísimo más por vivir y aprender
  • Tengo familia? SÍ. Estoy felizmente casada desde hace 10 años con Alan Chávez: mi compañero de aventuras, mi mejor amigo y complice, mi maestro cada día y de quien me enamoro todos los días un poquito más. Juntos hemos formado una maravillosa familia, tenemos 2 hijos. THIAGO quien en octubre cumplirá 4 añitos y PAULA quien apenas cumplirá 2 añitos a fin de año. 
  • Mi carrera: Lic. en Nutrición y Health Coach certificada. 
  • Me dedico 100% a mi hogar. Me encanta hablar sobre temas de salud en cuestión de que cada uno somos únicos y lo que me funciona a mí no necesariamente te funcionará a ti, me gusta también mucho cuidar nuestro interior; nuestra alma y motor. Si tenemos en equilibrio nuestro cuerpo y mente podemos lograr lo que queramos.
  • Algo que forma parte esencial en mi vida es VIAJAR, me encanta conocer nuevos lugares, nuevas personas y sobre todo otras culturas. Incluso dentro de nuestro país tenemos tanta diversidad que conocer cada rincón (aun me faltan muchos rinconcitos de México por conocer) he descubierto el lugar tan maravilloso donde me toco nacer.
  • La lectura es parte de mi vida. Creo aun me faltan muchísimos libros por leer, más si es un pequeño hábito que procuro tener. Las frases para mí son un despertar pequeñito a mi ser, todos los días leo ya sea en pinterest, instagram o algún libro con frases que me gusten para darme ese extra de apapacho a mi alma y corazón.
  • La música también es algo que me mueve, me conecta y me ayuda a mi estado de ánimo…escucho todo tipo de música! 

Y porqué decidí llamar mi blog UNA COMETA ENAMORADA??? Recientemente Alan y yo nos hicimos nuestro primer Tatuaje el cual es un papalote/cometa; lo que representa este papalote es que los lazos más fuerte son sin nudos, un papalote no puede emprender su vuelo si un papalote se cruza con otro y sus hilos se enredan o se hacen literal «un nudo» en automático esos 2 papalotes caerán al piso…. sin embargo si logran esos 2 papalotes volar uno paralelo al otro podrán experimentar de manera individual el maravilloso placer de sus compañías, y a la vez experimentar total libertad. De aquí es donde surge este nombre y mi deseo de empezar a escribir de nuevo y compartir un poquito de mí con todos ustedes.

Aquí solo un poquito de mí…..

Gracias por leerme.

SOF (ultimamente así es como me llaman, todo derivado de que Alan así me presenta y se refiere de mí, y creo es algo que me encanta; así que para este bonito blog y proyecto, decidí firmar mis escritos con este nombre)