El Cuerpo también MEDITA

Porque antes de entenderlo… ya lo estaba sintiendo

Hoy quiero platicarles un poco más de lo que ha sido integrar la meditación a mi vida…

Tampoco crean que ya me volví toda elevada, yogi-budista que medita todos los días. No, la verdad es que lo hago de vez en cuando (aunque sí trato de hacerlo más seguido). Me gusta sobre todo ir a este estado de presencia cuando ando con pensamientos intrusivos o cuando quiero aterrizar algún tema que me está causando ruido.

Para mí se ha vuelto como un espacio donde puedo ver todo desde un punto más neutral… pero sobre todo, donde puedo darme cuenta de cómo lo estoy vibrando y sintiendo desde mi cuerpo, no solo desde lo que me dice mi mente.

Al principio yo pensaba que meditar era algo de la mente. Respirar, enfocarme y dejar de pensar. Pero conforme empecé a practicar más, me di cuenta de algo muy claro: el cuerpo llega primero.

Cuando me siento a meditar, todo empieza igual. Las piernas incómodas, la espalda pidiendo moverse, de pronto siento calor o frío, el pulso, la piel… literalmente mi cuerpo está sintiendo todo. Y lo más curioso es que lo primero que quiero hacer es callar todo eso, como si estorbara.

Pero ahí fue donde entendí algo importante: el cuerpo no se puede callar. El cuerpo habla todo el tiempo, aunque no quiera escucharlo. Y antes de entender lo que estaba pasando, ya lo estaba sintiendo.

De pronto empieza a pasar algo diferente. Aparece una quietud muy sutil, como una expansión rara, algo que no tiene nombre. Y cuando logro quedarme en la respiración y dejo de luchar con querer controlar todo lo que estoy sintiendo, llega una calma muy bonita. No sé cómo explicarla, solo sé que la siento… y que se siente como paz.

Y luego vienen las emociones.

En silencio, las emociones se sienten distinto. Sin distracciones, no hay a dónde ir. No llegan de golpe, más bien se van filtrando poco a poco… como la serpiente.

Primero aparece una sensación, luego una incomodidad, y después algo más profundo. No siempre sé qué es, pero sí sé que está ahí. Y en ese silencio, por primera vez, no hice nada para cambiarlo. No traté de respirar “mejor”, no intenté entenderlo, no me distraje… solo me quedé.

Y fue ahí donde algo empezó a moverse, pero no afuera, adentro.

Sentí cómo mi cuerpo se aflojaba, cómo la emoción respiraba, y cómo yo dejaba de intervenir. Y ahí entendí algo muy bello: el cuerpo no necesita que lo controles, necesita que lo escuches. Las emociones no vienen a incomodar, vienen a mostrarse.

El silencio no las crea… las revela.

Y cuando dejas de huir, algo cambia.

Las emociones no desaparecen, pero se acomodan. Como si algo dentro de ti dijera: ya puedes ver.

Y creo que ahí entendí algo que me cambió la forma de ver la meditación.

No es vaciarme de todo…
es habitarme.

Con cariño, Sof.

LA VISITA

En el primer día de silencio pensé en ella.

La serpiente.

Como un recuerdo suave deslizándose por la mente.

“No vengas a asustar a nadie”, le pedi en secreto, como quien le habla a un espíritu antiguo.

El ashram respiraba lento. Madera, viento, hojas, arena, pasos descalzos.

Y al día siguiente, ahi estaba.

Enrollada en la viga principal de la cocina como un mantra vivo. Quieta, perfecta, presente.

Nadie podia hablar.

Pero todo el cuerpo del grupo hablaba. Ojos abiertos. Sonrisas contenidas. Dedos señalando mi tatuaje.

Silencio lleno de significado.

Yo no sentí miedo.

Sentí reconocimiento.

Como si algo muy viejo me dijera: “estás en casa”.

A veces levantaba la cabeza y nuestras miradas se cruzaban.

Dos animales observándose. Dos formas de conciencia respirando juntas.

Ella inmóvil. Yo aprendiendo a estarlo.

La serpiente no vino a interrumpir el retiro.

Vino a recordarme que la naturaleza también medita, que mudamos piel, que todo cambia, que todo se desliza, que nada se queda.

Y que a veces la vida te manda señales suaves, escamosas, perfectamente silenciosas.

Crecimiento a nivel espiritual

“Ligera, consciente, enamorada”

A lo largo de mi vida he descubierto que la parte espiritual que habita en mi siempre ha encontrado un gran refugio en la naturaleza. El crecimiento espiritual, o a lo que mejor llamaré la re-conexión espiritual no sucede de un día para otro. Es un viaje silencioso, un poco invisible, pero profundamente TRANSFORMADOR. Comienza cuando surge una inquietud: una sensación profunda de que en esta vida hay algo más, algo más profundo que lo cotidiano, algo mas verdadero que las apariencias, mas duradero que todo el ruido del mundo.

Mi camino no ha sido de manera lineal. Creo profundamente que cualquier camino de transformación esta acompañado de subir y bajar constantemente en una montaña rusa de mil emociones y cuestionamientos. Este viaje para mi ha estado lleno de preguntas sin respuestas inmediatas, de muchas pausas necesarias, de caídas que me han enseñado más que los logros conquistados. He tenido que soltar muchas creencias heredadas, patrones que ya no me servían y relaciones que ya no estábamos vibrando en la misma frecuencia. Aprendí a mirar hacia adentro con mucha honestidad; aprendí a habitar mi sombra con mucho, mucho amor; a escuchar la voz dulce y suave de mi intuición… aprendí a confiar en algo mucho mas grande que yo, incluso aun sin poder verlo solo lo siento.

A lo largo de mi recorrido he descubierto que crecer espiritualmente no significa “elevarse” o “alejarse” de lo humano, sino de todo lo contrario: significa enraizarse, habitar el PRESENTE, conectar con la vida desde el ALMA. He aprendido a agradecer, no solo todo lo bello, si no también todo lo difícil; a ver lo divino en lo cotidiano, lo sagrado en lo simple.

El crecimiento espiritual no me ha hecho perfecta (ni es lo que busca mi ser) me ha hecho mas consciente. No soy inmune al dolor humano, lo que si es que soy mas abierta a ver todo con amor y conectar desde y para el amor. Y se que el camino continuara, que esto no terminara ya, es más creo fielmente que el seguir en este viaje de crecimiento espiritual será partiré de toda mi vida humana; por lo que celebro cada paso andado, cada despertar, cada momento en que me elijo con compasión y elijo vivir desde la verdad del corazón.

Gracias por leerme y acompañarme con estas palabras que con mucho amor escribo. Deseo de todo corazón que cada quien encuentre su propio ritmo, su propio cielo, su propia danza amorosa con la vida. Que este viaje espiritual no termine y que solo les llene su corazón de gran amor por ustedes y la vida tan linda que tienen delante de ustedes. A vivir en presencia amando y gozando todo lo lindo que tiene este mundo para ofrecernos.

Con mucho cariño;

SOF la cometa enamorada de la vida misma