El entrenamiento invisible

El entrenamiento más importante es el que nadie puede ver

Nunca imaginé que uno de los mayores maestros del amor propio no sería un terapeuta. Sería un gimnasio. Suena un poco extraño, ¿no? Yo también lo habría pensado hace unos años.

Cuando decidí tener un pequeño gimnasio en casa, a mis 40 años, no estaba buscando encontrarme a mí misma. Tampoco estaba obsesionada con hacer ejercicio ni era una mujer particularmente disciplinada. La razón fue mucho más sencilla: quería dejar de usar la falta de tiempo como excusa. Quería eliminar ese clásico “ya se hizo tarde, mejor mañana”.

Nunca imaginé que esa decisión tan práctica terminaría convirtiéndose en uno de los aprendizajes más importantes de mi vida.

Al principio mi motivación era completamente física. Quería fortalecer mis piernas para correr mejor, levantar más peso para mantener mis músculos fuertes con el paso de los años y lograr hacer pull-ups sin liga. De hecho, tengo un objetivo muy específico: quiero ser parte de ese pequeño porcentaje de mujeres que pueden levantar su propio peso. Y sí, también estaba la parte visual. Me gusta verme bien y sentirme bien en mi cuerpo.

Lo que nunca imaginé fue que, mientras todo eso sucedía, había algo mucho más profundo ocurriendo sin que yo me diera cuenta. Mientras fortalecía mis piernas, también fortalecía mi paciencia. Mientras aprendía a respirar bajo esfuerzo, estaba aprendiendo a respirar también en medio del miedo. Mientras repetía 1 serie más, incluso cuando ya no tenía muchas ganas, estaba entrenando el músculo mas importante de todos: EL DE REGRESAR A MÍ. En ese momento yo pensaba que estaba entrenando mi cuerpo. Hoy sé que estaba entrenando mi manera de habitar la vida.

Hace unos días pasó algo hermoso que, visto desde fuera, parece algo insignificante. Solo apareció un pensamiento que antes me habría llevado a reaccionar casi en automático. Sin embargo esta vez paso algo diferente.

Entre ese pensamiento y mi reacción apareció un ESPACIO. Nunca había sentido ese espacio de una manera tan consciente.

No fue un momento espectacular. No hubo una gran revelación ni sentí que el tiempo se detuviera. Simplemente apareció un ESPACIO, un pequeño instante en el que pude observar mi miedo sin obedecerlo. Y, por primera vez, elegí diferente. Fue entonces cuando entendí algo que me conmovió profundamente. Ese espacio no apareció ese día. Llevaba meses entrenándolo. Cada entrenamiento al que fui sin ganas. Cada carrera. Cada respiración durante mis clases. Cada vez que decidí cumplir una promesa que me había hecho a mi misma. Todo eso estaba construyendo algo que yo todavía no sabía nombrar. Mi cuerpo lo estaba aprendiendo mucho antes de que mi mente pudiera entenderlo.

Durante mucho tiempo pensé que la disciplina era una exigencia. Hoy creo que fue una de las formas más amorosas en las que aprendí a decirme: “Confío en ti, Sof”. El cuerpo llevaba meses practicando algo que mi conciencia apenas acababa de descubrir.

Y el amor propio tampoco resultó ser repetir frente al espejo que me amaba. Fue demostrarme, una y otra vez, que podía sostenerme. Que podía regresar a mí. Creo aquí entendí por qué el amor propio es tan difícil de explicar. Porque no es una emoción. Es una práctica. Es la suma de pequeñas decisiones que parecen insignificantes hasta que un día descubres que reaccionas diferente frente a la vida.

Hoy siento que este año ha sido mi primer semestre en la maestría del amor. No del amor romántico. Del amor que comienza por una misma. Ese que te enseña que la verdadera fuerza no está en controlar lo que hacen los demás, sino en elegir, una y otra vez, desde donde quieres vivir.

Y quizá ese haya sido el entrenamiento más importante de toda mi vida. Porque descubrí que el gimnasio nunca fue solo el gimnasio. Fue el lugar donde aprendí que volver a casa nunca significó regresar. Volver a casa era convertirme en ese lugar seguro al que siempre quise volver.

Hoy puedo mirar hacia atrás y darme cuenta que este viaje hacia mi interior ya había comenzado mucho antes. Lo que no sabía era que, al poner atención en mi cuerpo, también estaba abriendo una puerta hacia mi alma. Mientras aprendía a cuidar de mis músculos, mi respiración y mi fuerza; sin darme cuenta también estaba aprendiendo a cuidar de mí.

Durante muchos años una gran parte de mi energía estuvo puesta en amar a los demás. Lo bonito del gimnasio ha sido descubrir que, sin proponérmelo, empecé a amarme con la misma profundidad; y ahí fue donde me empecé a ver por primera vez. Un día me encontré frente al espejo y entendí que ya no estaba ahí para buscar defectos ni para comprobar si había cambiado físicamente. Estaba ahí para verme de verdad.

Para sostener mi propia mirada. Para descubrir que había una mujer completa frente a mí. Y por primera vez, mirarla con la misma ternura con la que había mirado a las personas que amo; descubrir que la mujer que tenia frente a mí era maravillosa, única, puritita magia. Y en medio de esta mirada, sentí con una paz que nunca antes habían conocido, que estaba siendo profundamente amada por la persona que más importa en mi vida.

Yo.

Mientras escribía este ensayo entendí que, en realidad, nunca fue un texto sobre el gimnasio. Fue una carta de agradecimiento a la mujer en la que me he ido convirtiendo. Porque el gimnasio sí fue parte del camino. Pero la transformación no ocurrió entre las pesas. Ocurrió dentro de mí. Hoy se que el verdadero entrenamiento nunca consistió en levantar mi propio peso; consistió en aprender a sostener mi propia vida con amor.

Hoy puedo agradecer a todas las personas que, de una u otra manera, caminaron un tramo junto a mí. Pero también puedo reconocer algo que duramente mucho tiempo me costó muchísimo decir: nadie podía hacer este viaje por mí. Cada entrenamiento, cada promesa cumplida… la caminé yo. Y creo que ese ha sido uno de los regalos más grandes que me he hecho en esta vida. Descubrir que siempre fui capaz de sostenerme.

Los quiero.

Con cariño. SOF

La que mudo mi silencio

Mi guía espiritual!

En el retiro no solo mudé pensamientos.
Mudé piel.

Aunque no me di cuenta… hasta que ella apareció.

Desde la primera meditación hubo algo extraño. Mientras intentaba concentrarme en la respiración y sobrevivir al entumecimiento dramático de mi pierna, apareció un pensamiento muy claro:

“¿Y si viene una serpiente?”

La pude visualizar entrando lentamente al lugar donde estábamos meditando, pasando por encima de mis piernas. Yo sabía que era solo una historia en mi mente… pero fue muy vívida.

No fue miedo.
Fue presencia.

El pensamiento volvió a aparecer una segunda vez. Y recuerdo que, en silencio, le hablé:

Si vas a manifestarte, hazlo bonito.
Sin asustar.
Aquí hay humanos nerviosos.

Y lo solté.

Al segundo día, ahí estaba.

Enrollada en una de las vigas del comedor, donde nos reuníamos a comer en silencio, donde integrábamos pensamientos y dolores. Era color cafecito, no muy grande. Perfectamente tranquila, sin ganas de asustar a ningún humano.

Parecía que ella también estaba en el retiro.

Era un retiro de silencio.
Nadie podía hablar.
Pero pocas veces he sentido un silencio tan lleno de cosas no dichas.

Las miradas iban y venían.
Los cuerpos tensos.
El respeto.
El asombro.

Y entonces algunos compañeros comenzaron a mirarme… y a señalar mi tatuaje.

La serpiente.

Fue imposible no sentir que había una conexión.

No sé qué tipo era.
No sé si los demás sintieron lo mismo que yo.
Pero sí sé lo que sentí cuando nuestras miradas se cruzaron varias veces durante el día:

Acompañamiento.

En lo profundo de mi ser sentí que estaba ahí.
Por mí.
Y para mí.

No llegó con caos.
No atacó.
No huyó.

Solo estuvo, en silencio, acompañándonos.

Entonces algo dentro de mí entendió.

La serpiente como maestra

Las serpientes no mudan por estética.
Mudan porque crecer duele en la piel vieja.

Primero se aprietan.
Se rozan contra la tierra.
Se incomodan.
Y solo entonces… sueltan.

En esos días yo estaba exactamente ahí.

Dolor físico.
Ego inflamado.
Historias mentales.
Silencio que raspa.

Algo en mí estaba apretado.
Algo pedía desprenderse.

Y entonces ella apareció.

Como un recordatorio viviente de lo que estaba ocurriendo por dentro.

La muda no es elegante mientras sucede.
Es vulnerable.
Es torpe.
Es incómoda.

Pero es necesaria.

Después de verla, algo cambió.

No fue espectacular.
No fue una iluminación con luces doradas.

Fue más sutil.

Fue una certeza tranquila.

La certeza de que el silencio no es vacío.
Es fértil.

Que cuando te callas lo suficiente, empiezas a escuchar símbolos.
Presencias.
Mensajes que no pasan por la mente… pasan por el cuerpo.

No sé si ella estaba ahí “por mí”.
Pero sí sé que yo estaba lista para verla.

Y a veces eso es lo único que importa.

Tal vez no mudé completamente.
Pero sí me aflojé.
Sí me suavicé.
Sí dejé caer una capa.

Yo pedí una señal.
Y llegó enrollada en una viga.

El retiro terminó.
Y, en silencio, algo en mí sigue mudando.

Con amor,
Sof

Luchar contra mi sombra o aprender a bailar con ella?

Hoy al ir manejando rumbo a Xitzin (una cafetería de especialidad que tengo y es mi rinconcito de felicidad) empece a hablar conmigo misma y a cuestionarme sobre mi grandiosa y extravagante sombra, y así envuelta en mis pensamientos me llego la inspiración de escribirles el primer post del 2021. El tema del que quiero hablarles hoy me resulta interesante ya que creo es una lucha constante con la que todos vivimos, la lucha con nuestros «demonios» o esa parte de uno que no nos encanta. Y pensando en esas luchas constantes hoy quiero empezar a dejar de luchar contra ellos, contra esa sombra que reconozco formará parte de mi vida y con la que mejor quiero aprender a coexistir en este cuerpo y prefiero y elijo aprender a bailar con ella. 

Creo todos tenemos sombra, ¿cómo podemos ser luz sin sombra?… contamos con esa parte de nosotros que no nos encanta, esas cosas muy nuestras que tratamos de ocultar a los demás, sin embargo creo y siento que esa sombra nos hacer ser quienes somos y si cambiamos el luchar contra ellas y mejor decidimos aprender de ellas y realmente entendemos que es lo que nos quieren decir vamos a lograr grandes cosas. Hay muchas cosas en mí que no me gustan, y otras que en verdad me llevan a un estado de vergüenza y no me gustaría los demás las conocieran, cuando entro en contacto con ellas o se manifiestan en mi día trato de enfocarme en qué es lo que me vienen a enseñar, qué me quieren decir de mi y mi entorno; cuando en realidad las dejo ser y me conecto con ellas me doy cuenta que son parte de mi y que sin ellas yo no podría brillar, sin ellas no seria esta personita con la cual me la paso de maravilla.

Este año quiero seguir trabajando en mi, seguir aprendiendo de mi, pero sobre todo quiero aprender a bailar con mi sombra, aprender a ser tal cual quien soy logrando un equilibrio en el cual el ego y el amor sean uno mismo y de esta manera llegar a mas corazones para lograr en realidad nos amemos sin etiquetas y sin prejuicios. Por ello he decido empezar este nuevo baile donde el compas de la música (el amor) y los pasos de baile me hagan entrar en sintonía con mi ser y el universo. 

Aprender a bailar con mi sombra será una aventura que quiero compartir con todos ustedes y espero se animen a bailar conmigo también. Les mando mucho amor, gracias por leerme.

Con cariño SOF

AMAR

Sobre el primer tema que quiero hablar es el tema más importante para todo ser humano…. EL AMOR… trataré de definirlo de una manera simple y clara; porqué el amor así es: simple y claro, sin complicaciones, sin tantos adornos, sin tanta explicación…. solo creo que cuando más crecemos y vamos viviendo la experiencia del amor como adultos nos hacemos literal bolas y perdemos esa claridad con la que nacimos. 

Primero definiré el amor como lo encuentra uno el diccionario y partiendo de ahí empezaré a darle un poquito de más forma.

AMOR = sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.

Definición que encontré en wikipedia y la cual me deja con un sabor de boca medio dulce-amargo, con un signo de interrogación y sin mucha claridad a lo que busco…. el amor en realidad no se puede explicar o definir, nacemos del él, vivimos con el y somos amor. Hay una “definición” (que la pongo entre comillas porque pues no esta tanto como definición) si no una frase que me hace mucho sentido que dice así.

Una definición del amor: 

“LA ALEGRÍA DE QUE EL OTRO EXISTA” 

Walter Riso

Con estás 2 definiciones quiero externar lo que he aprendido respecto a lo que es AMAR. Realmente cuando amas a alguien o -algo-, porque sí también podemos amar cosas, el simple hecho de tenerlas, conocerlas y de que formen parte de tu vida te hacen sentir inmensamente feliz. Pero quitemos al Ego un poco de la ecuación, porque me estoy concentrado en lo que yo siento… si quitamos el ego y en verdad nos concentramos en AMAR profundamente, el AMAR (me) es aceptación completa del todo lo que incluye a ese otro SER…. Amar lo bonito es muy fácil, a quien no le gusta solo recibir cosas lindas, hablando de cosas materiales: que el carro funcione a la perfección, que tenga todos los lujos más bonitos y que nunca te deje parado en media carretera, que el estéreo tenga unas bocinas en la que puedas escuchar tu música favorita y no que medio una suene bien y la otra se escuche un eco raro a la distancia… lo mismo con los Seres Humanos, cuando vemos lo “bonito” de cada persona estamos felices de tenerlos en nuestras vidas, nos encanta pasar tiempo con ellos, su compañía te eleva tu energía y solo brota amor y felicidad. ¿Qué pasa cuando sale su lado oscuro? Cuando tu mejor amig@ anda de un humor que dices, hijoles hoy no tengo ganas de hablar con ella, cuando tu mamá o tu papá solo te dicen todo lo malo que ven, cuando tu hij@ no sabe ni que quiere y solo hace berrinches, cuando tu novio, pareja, espos@ te dice algo que no le gusto de ti….. puffff aquí explota troya y ya no estas tan feliz de compartir esos momentos a su lado verdad???? ….. lo maravilloso de en verdad AMAR desde el SER, de aceptar toda la LUZ y toda la SOMBRA de esa otra persona con la que te gusta compartir tus días es un sentimiento de pura felicidad… y en aceptar no te digo aguantar!! son 2 cosas muy diferentes, porque AMAR es también crecimiento personal, es ver lo que hay en mí que ayude al otro a ser mejor cada vez, en ayudar al otro a sacar le mejor versión del si mismo y a juntos lograr SER.

Cuando en realidad AMAS en su totalidad a una persona, la aceptas tal cual es. Imagina solo por un momento poder ser 100% TÚ junto a esa persona que amas, con quien te vez compartiendo cada momento de tu vida, que tengas la confianza plena de que puedas ser TÚ, que si algún momento te opina sobre algo tuyo que no le pareció del todo lo correcto (desde su percepción – lo aclaro) tu tomes ese consejo y de él aprendas a sacar lo mejor de ti, que puedan comunicar sin “temor” a lastimarse… piénsalo solo por unos momentos!!!! y responde en tu mente con quien haz logrado ser TOTALMENTE TÚ? y te sientes con la confianza plena de que no serás juzgado o visto como bicho raro :P… que LIBERADOR NO??? pue así es el amor, así es como debemos verlo y no ENREDARNOS y ponerle treinta mil etiquetas de sepa que tantas -Reglas- que según no sé quien, así es como se “debe amar” ….. AMAR Y YA! es todo lo que en realidad es. AMAR Y YA!!!

Y dónde debemos empezar?? Con nosotros mismo!! SÍ, y saben algo?? será el viaje-misión más llena de retos, aventuras, cuestionamientos, resistencia, claridad en lo largo de la historia de tu vida. 

AMA (TE) y verás como fluirá el amor hacia los demás, de ellos hacia ti y de ti hacia ellos… 

Con mucho cariño y muchísimo AMOR

SOF